
La experiencia nos ha demostrado que, cuando una operadora decide dar el salto y lanzar al mercado su propio smartphone, con la colaboración de alguna manufacturadora o compañía que “realice el trabajo duro”, los resultados no son los mejores, aunque las propias propuestas no busquen un destino mucho más lejano.
Y si bien para T-Mobile no es la primera ocasión en este tipo de jugadas, el tiempo que ha pasado entre la primera generación de su serie Prism, y esta nueva versión ligeramente actualizada, hace que la aparición de la compañía norteamericana parezca anormal, y hace lucir aún más anormal su dispositivo, que presume prestaciones realmente pobres, en comparación de los movimientos que vemos hoy en día dentro de la gamma media e inclusive baja del mercado.









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